6/22/2012

Despierta, cantor



Despierta, cantor



Silvio, qué te pasó.

Tú, poeta del alba, soldado valiente.

Qué te pasó.

Trovador de la sierra, cantor de la mar.

Gaviota del cielo.

Qué te pasó.

Vendiste tu alma, al Diablo aquel.

Para sentarte a su mesa, bridar con él.



Ojalá  que la lluvia no te moje la ropa cuando caiga

para que no la puedas convertir en metralla.



Yo un poco te entiendo, hermano.

Porque todos caímos en su encanto,

y nos sedujo a un sueño profundo.

Pero caramba, si todos despertamos

por qué, Silvio, por qué sigues ahí

con el viejo gobierno de difuntos y flores. .



Ojalá se te acabe la tinta de sangre,

el llamado a la guerra, canciones de plomo.

Ojalá pase algo,

que un disparo de nieve te saque ese odio.



Yo te conozco, hermano.

Qué te faltó.

Te he mirado a la cara. Te siento inconforme.

He cantado tus canciones, y la siento desangradas.

Tienes odio, tienes rabia. ¿Contra quién?



Ojalá que tu abraces, al pueblo querido, que te quiere y admira

Esa gente no sabe que el vino que bebes llega en barco de guerra.



Despierta hermano, el mundo cambió.

Escucha a tu hijo, que tiene razón.

Sube a en tu unicornio, y vuela en penumbras.

Verás que el rabo de nube hace tiempo se fue.



Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,

mi querido Silvio, hermano,

si con eso pudiera hacer que despiertes




Héctor Manuel Ramírez Rodríguez.
Santiago de Chile. Junio del 2012

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