8/15/2011

ES TIEMPO DE QUE HABLEMOS CLARO


Por Lázaro Tirador Blanco


Siempre he tratado de mantener fuera de mi trabajo periodístico la crítica a los que están dentro de Cuba. Considero que tienen el galardón de estar arriesgando constantemente sus vidas y su seguridad en las mismas entrañas del monstruo castrista. Pero los acontecimientos actuales parecen indicar que la tiranía se ha adaptado a las facilidades que han brindado el obamismo y el contubernio de una buena parte del exilio de Miami con las medidas cosméticas de la actual administración demócrata hacia Cuba, las que han sido soporte idóneo para las maniobras mediáticas de los Castro y sus aliados.

Por haber vivido la mayor parte de mi vida dentro del monstruo –y cerca de los monstruos-, conozco que en realidad la capacidad del castrismo de engañar tantos años al pueblo cubano no se fundamenta en las opciones que ha brindado para resolver los innumerables problemas de las destruida economía y la desgastada sociedad cubana, sino en la vernácula capacidad de Fidel Castro de aprovechar las debilidades tanto de una buena parte del Exilio Cubano como las de la mayoría de las administraciones norteamericanas desde el embarque de John F. Kennedy cuando el ataque al castrismo por Bahía de Cochinos  en Abril de 1961, por un grupo de valientes cubanos.

Raúl Castro tiene también el tino de su hermano de entender –pese a las apariencias- de la pata que cojea tanto la política norteamericana hacia Cuba como la debilidad y la desunión del Exilio Cubano. Como viejos camaleones que cambian su piel cuando les conviene, han sabido no sólo ganar adeptos entre muchos artistas, intelectuales y políticos de medio mundo, aprovechando los momentos de exacerbación del antiimperialismo norteamericano versus el internacionalismo cubano, si no con el chantaje a líderes que tuvieron el desliz de idolatrarlos en ciertos momentos de lujuria política y cuya factura los Castro les pasan cuando llega el momento.

Muchos de los actuales gobiernos del llamado Tercer Mundo en África y Asia como en América Latina, entre los que se destacan los de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua son compadres de borracheras totalitarias de los Castro y muchos otros o coquetean como rameras primerizas con el cliente, o se hacen los sordos y mudos frente al dolor del pueblo cubano. Nombrarles no vale la pena porque todos los conocemos ya.

Pese a lo que muchos parecen pensar, el pueblo cubano no está totalmente ignorante de todo esto. Lo que realmente sucede es que aún vive un somnoliento sonambulismo del que muchos buenos cubanos dentro y fuera de la Isla lo están tratando de despertar, algunos al costo de sus propias vidas.

Los Castro y camarilla, además de asesinos y genocidas de su propio pueblo, han sabido coordinar sus movimientos como lo hacen los judocas: no usar tanto sus propias fuerzas como las debilidades de sus enemigos. Paradójicamente, han llegado a penetrar con su podredumbre el corazón mismo del Exilio Cubano –de la parte traicionera y oportunista-, por la cual muchos miden en el mundo a los reales patriotas de allá y de aquí.

Duele tanto escuchar o leer los conceptos en cuanto a patriotismo, sacrificio y ejemplo cuando se habla de los luchadores, disidentes, opositores y otros términos con los que se reconocen a los que de alguna manera se manifiestan abiertamente contra el castro-comunismo feroz dentro de la propia Cuba. Pero más duele observar como poco a poco las fichas se van acomodando en el tablero de manera que el dominó castrista se siga jugando.

Hay hombres en Cuba como el Dr. Oscar Elías Biscet que por patriotismo, modestia o pudor están arriesgando constantemente sus vidas, pero equivocadamente no se lanzan a ocupar el liderazgo nacional que su ejemplo les demanda. Hay hombres que tienen la potencia, la preparación y el llamado de asumir roles históricos que a otros les serían ropas que les quedarían inmensas, como disfraces. Desgraciadamente ambos hacen daño para lograr la unidad y la fuerza del cambio dentro de Cuba.  Sin vueltas, hoy Cuba necesita a Biscet al frente de la lucha total dentro del país.

Hay hombres como Oswaldo Payá Sardiñas que sin ese liderazgo –y quizás con buenas intenciones-, trabajan sólo para convertirse en el centro de acontecimientos de los cuales no son protagonistas y se posicionan en imágenes publicitarias que solo hacen dañar la imagen de la verdadera lucha que se debe librar –dentro y fuera de Cuba-, para lograr no los cambios que ellos reclaman y que predican –en los que hay espacios para el régimen-, sino la libertad total de la dictadura, que será el comienzo de los verdaderos y únicos cambios que Cuba necesita: echar fuera la dictadura y restablecer la democracia y la libertad en nuestro amado país, con igualdad para todos, menos para los traidores.

En los últimos meses he estado confrontado por ambas posturas y tengo la certeza de que Biscet ocupará el lugar que ahora le toca en la lucha: el liderazgo que nunca hemos tenido contra el castrismo. Si Payá realmente ama a Cuba más que a su imagen pública, deberá asumir un rol más comprometido y no tan conciliador y populista con el régimen: si no lo hace, tendrá que rendir cuentas algún día, cuando se escriba la verdadera historia de la epopeya cubana contra la dictadura totalitaria más larga y terrible de la Historia Moderna.

También creo que los que vivimos en el exilio tenemos que levantar nuestras voces contra aquellos que -ante nuestros propios ojos-, coquetean y sirven a los intereses económicos y políticos de los sátrapas cubanos, como voceros encubiertos de la dictadura y promotores de las bondades de Cuba y que como verdaderos mutantes-empresarios viven de la cobertura del régimen y se adormecen bajo la sombra impasible de un exilio penetrado y prostituido por el castrismo.

A unos les toca la dura batalla dentro de Cuba, bajo el fuego y el sufrimiento. A otros desenmascarar a los oportunistas y sinvergüenzas, para que sean barridos de este país como traidores irreconciliables de la dignidad y el respeto, como indignos servidores de los tiranos de Cuba.

El ejemplo de los caídos y los sufrimientos de los que luchan dentro de Cuba nos lo demandan.


















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