8/25/2011

EL ESPEJO DE GADDAFI



En medio de las cavilaciones por los destinos de Cuba que produce la escalada represiva desatada en días recientes por el régimen totalitario contra la disidencia pacífica, recibimos el inmenso alegrón de la entrada de las tropas del opositor Consejo Nacional de Transición en la ciudad de Trípoli, capital de Libia.

Aunque subsisten algunos focos de resistencia de partidarios del derrocado tirano Muammar El Gaddafi, los libios demuestran ruidosamente su regocijo en calles y plazas, y enarbolan con orgullo la abigarrada bandera histórica del país, mientras los lienzos verdes impuestos por el sátrapa depuesto encuentran otros destinos en los latones de basura o en manos de sastres y costureras.

A pesar de las grandes diferencias culturales, son más los puntos de coincidencia entre la Libia de hoy y el Panamá de fines de la década de los ochenta. También en el fraterno país istmeño imperaba un dictador corrupto que pugnaba por esconder sus crímenes y tropelías tras la hojita de parra de un demagógico discurso patriotero.

Si Noriega confió en los Machos del Monte y otros paramilitares que —supuestamente— defenderían su régimen a sangre y fuego, el alocado sátrapa libio formuló planes demenciales de poner sobre las armas a tres millones de seguidores (¡la mitad de la población en un país con gran número de niños, y dividido, para colmo!)

Aunque en los momentos actuales se desconoce el paradero del coronel fugitivo, que plantea que su huída es, supuestamente, “un movimiento estratégico”, no hace falta mucha imaginación para suponer que, felizmente, en un plazo prudencial será capturado y, si acontecimientos imprevistos no determinan otra cosa, sometido a juicio en la Corte Penal Internacional, que lo reclama por delitos gravísimos.

Me atrevo a asegurar que su destino se asemejará al del general panameño de rostro accidentado. Desde su derrocamiento, Noriega se ha paseado sin penas ni glorias por cárceles de diversos países, pagando sus muchos crímenes, y nadie —ni siquiera alguno de los que en determinado momento quisieron presentarlo como adalid del antiimperialismo— se digna recordarlo.

Un aspecto a destacar en el actual proceso de Libia es la actuación de los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, que, amparados en la oportuna resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, han demostrado admirable firmeza en la realización de los ataques aéreos que impidieron que el déspota de Trípoli siguiera adelante con los monstruosos planes genocidas que había comenzado a ejecutar.

Mientras el pueblo libio celebra, el progresío internacional se arremolina. El presidente Hugo Chávez, a millas de la realidad, afirma que sólo reconoce al gobierno de Gaddafi. Su portavoz oficioso Walter Martínez, sin hacerse de rogar, le sigue la corriente con desenfado, hablando sobre las supuestas simpatías que inspira el derrocado coronel.

En el colmo de la falta de objetividad, el tuerto zurdo de TeleSur sigue empleando la frase “Armata Brancaleone”, extraída de una comedia italiana de hace varias décadas, para tratar de ridiculizar a las tropas insurgentes, comparándolas con un ejército de relajo… ¡y lo hace cuando acaban de ajustarle las cuentas a los fanáticos y mercenarios de su admirado Gaddafi!

Los acontecimientos marchan muy bien en Libia. Aunque el Granma del miércoles habla de “confusión y saqueo”, ante el país norafricano se abren amplias posibilidades de desarrollo pacífico, prosperidad y respeto a los derechos humanos, junto al establecimiento de un régimen democrático que, por suerte, no tendrá que enfrentar problemas confesionales como los que padece Irak.

No resulta descabellado suponer que la comunidad internacional tampoco tolerará por mucho tiempo más las masacres espantosas que El Assad II manda a perpetrar en la martirizada Siria. El mismo miniperiódico de la abuelita, al informar sobre la condena a su régimen aprobada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, habla de una “politizada resolución”.

Decididamente, los demás tiranos harían bien en mirarse en el espejo de Muammar El Gaddafi. Ellos tienen todos los motivos del mundo para estar preocupados.

La Habana, 24 de agosto de 2011


René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente



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