5/15/2011

Cortemos las cadenas

Cortemos las cadenas

Por Normando Hernández, ex prisionero de conciencia

No son las dictaduras las únicas que ponen cadenas a la libertad. Los que callan ante los crímenes dictatoriales también la encadenan. La hipocresía de los gobiernos demócratas y de las organizaciones internacionales como la ONU, por tan solo mencionar una, que otorgan luz verde cuando hacen oídos sordos a los crímenes de los liberticidas que asfixian a todo un pueblo son tan responsables como ellas. No olvidemos, como se dice en buen cubano, que tan culpable es quien mata la vaca como el que le aguanta la pata.
¿Hasta cuándo gobiernos democráticos van a estar consintiendo las barbaries del desgobierno de Cuba? Que no me hablen del derecho a la libre determinación de los pueblos porque todos conocemos que los cubanos no tienen derecho a los derechos y además quisiera que alguien me explicara cómo podríamos resolver un conflicto si no nos inmiscuimos en el mismo.
No me apena decir que el primer responsable de lo que ocurre en Cuba es el propio cubano. Es la verdad. Pero también es verdad que el gobierno de los hermanos Castro siempre ha tenido una oposición dentro del país desde el mismo 1 de enero de 1959. Oposición que ha sido vilipendiada, masacrada, fusilada, encarcelada, desterrada… ante los pasivos ojos de todo el mundo y los horrorizados ojos de un pueblo que se mira en el espejo del terrorismo de Estado que existe en la mayor de las Antillas hace 52 años. ¿Por qué no se puede aunar voluntades y apoyar a esa oposición para que Cuba alcance la libertad que todos deseamos?
Sabemos que las llamadas revoluciones modernas consisten en una oposición organizada dentro del país y un apoyo desde el exterior. En Cuba la oposición está organizada, pero no tiene el apoyo necesario para cumplir su cometido. Ejemplo de lo que acabo de expresar es la soñolencia con que los gobiernos demócratas han tomado el asesinato de Estado cometido contra el disidente Juan Wilfredo Soto García, de 46 años de edad, quien murió el 8 de mayo de 2011, después que policías castrista le reventaran el páncreas a golpes por querer ser un hombre libre y estar sentado en un parque hablando de béisbol.
Asimismo esas organizaciones, esos gobiernos, esos demócratas… callan mientras los esbirros de Castro detienen, patean y torturan a personas pacíficas simplemente porque no están de acuerdo con la ideología de los que mandan en Cuba.

El caso más reciente de tortura fue la sufrida, el pasado jueves 12, por el ex prisionero de conciencia del grupo de los 75, Ángel Moya. A Moya un oficial de la Seguridad del Estado cubana, que se hace llamar Camilo, lo torturó apretándole, en varias ocasiones, una almohada contra el rostro como para asfixiarlo. Esta tortura es igual que la conocida como el submarino que consiste en sumergir la cabeza del detenido en un depósito con agua para provocarle una sensación de asfixia. El “crimen” cometido por Moya para recibir tal tortura fue intentar reunirse con un grupo de disidentes para homenajear a los presos políticos asesinados por el gobierno de Cuba. Moya también fue golpeado por los policías políticos quienes gozan de total impunidad, como los que asesinaron a Soto García.

No nos asombremos si mañana recibimos nuevas noticias informándonos de otro u otros opositores detenidos, golpeados, torturados y/o asesinados porque, desgraciadamente, así será. ¡Y no es que sea profeta! El problema es que los gobiernos totalitarios toman fuerzas, se crecen ante el silencio cómplice y la hipocresía de los que lo toleran.

Está bueno ya. Aunemos voluntades, pongamos nuestro granito de arena como se ha hecho a favor del pueblo libio y cortemos las cadenas que atan la libertad en la tierra más bella que ojos humanos han visto.

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