11/02/2010

UN VIAJE Y UN RUEGO JUSTOS

René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente



En medio del mar de calamidades que inunda nuestra Patria, el pasado jueves recibimos una noticia excelente: el Parlamento Europeo le concedió el Premio de Derechos Humanos que lleva el nombre del académico Andréi Sájarov a un hermano nuestro, el licenciado Guillermo Fariñas Hernández.

Agobiados por las informaciones y los comentarios sombríos que circulan por Cuba, entre los que se destacan los motivados por el despido masivo escenificado por el régimen, la nueva procedente del Viejo Continente llegó como un bálsamo confortador.

En las filas de toda la disidencia, la concesión de este galardón ocasionó una alegría inmensa. Desde muy temprano en la mañana, a una hora inusitada, comenzaron las llamadas telefónicas. Ante una periodista independiente me disculpé por haberla despertado, aclarándole que, en mi opinión, la ocasión lo merecía; al conocer el motivo, me dio la razón.

Y es que con este reconocimiento a Fariñas, al igual que con el conferido años atrás a las dignas Damas de Blanco, no existe ni la más remota posibilidad de que alguien piense que se debe a la capitalización de los esfuerzos hechos por otros o de la represión y la cárcel sufridas en carne ajena. En estos dos casos, el Premio Sájarov se obtuvo con inmensos sacrificios propios.

Si esas mujeres excepcionales se lo ganaron derrochando valor con sus protestas pacíficas en plena calle, el Coco, después de decenas de ayunos y muchos años de prisión, lo consiguió mediante una huelga de hambre y sed con alcance de epopeya, escenificada durante cuatro meses y medio ante el asombro y la admiración de la opinión pública nacional e internacional.

Nuestro hermano Guillermo apostó literalmente su salud, y aun su propia vida, con el noble propósito de salvar las de decenas de los presos políticos más enfermos, y logró con creces su objetivo. Su inmenso sacrificio, que siguió inmediatamente al del mártir Orlando Zapata, logró un gran impacto mediático que situó la tragedia de Cuba en el foco de la atención mundial.

Me complace sobremanera que, tras el otorgamiento del Sájarov, resultara virtualmente imposible contactar a Fariñas por vía telefónica. Me contaron después que, al conocerse el notición, las llamadas de personalidades, periodistas y amigos se sucedían sin descanso, y esto desde antes de las seis de la mañana.

En definitiva, opté por viajar hasta la ciudad de Marta Abréu. En la terminal de ómnibus de la capital villaclareña, que estaba asediada por la lluvia, me encontré con las líderes de las Damas de Blanco, Laura Pollán y Bertha Soler. Preocupadas, ellas habían viajado a Santa Clara no sólo para felicitar al Coco.

Es el caso que se acerca el plazo anunciado por el Jefe de Estado cubano para liberar a los presos de conciencia, pero hasta el momento no se ha producido la ansiada excarcelación de la docena de valientes que han rechazado la posibilidad de marchar al exilio, optando por permanecer en Cuba pese a todo lo que esto implica para ellos.

Y las dos dirigentes femeninas, como hermanas y madres, fueron a hacerle a Fariñas un ruego justo y necesario. Su mayor preocupación es que el psicólogo y ex preso político villaclareño, ante el incumplimiento gubernamental, reanude su protesta, lo cual podría resultarle fatal en la etapa crítica de convalecencia en que se encuentra.

Esperemos que el proceso de excarcelación culmine sin contratiempos. Pidamos al Altísimo que no resulten necesarios otros sacrificios como el que realizó el Coco durante 135 días. Y mantengamos la esperanza de que nuestra Patria pueda salir pacíficamente del agujero en que se encuentra.

La Habana, 25 de octubre de 2010.

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