11/10/2010

EL DESASTRE DE SANCTI SPÍRITUS




René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente



La tragedia de la caída de un avión de fabricación francesa en la provincia de Sancti Spíritus, que cubría la ruta Santiago-Habana, ha concitado el natural interés de la opinión pública. La prensa nacional ha cubierto el accidente con la parquedad que le resulta usual cuando el régimen desea restar importancia a un suceso cualquiera.

El periódico Granma del pasado sábado publicó al respecto un trabajo del colega Juan Antonio Borrego. En él se elogia la labor de “los constructores encargados de garantizar el acceso a la zona, quienes necesitaron apenas unas horas para alcanzar este propósito”. Fue el tiempo que necesitaron los buldózeres empleados para abrir una vereda en medio del marabuzal “sumamente intrincado” en que cayó el aparato.

También se aplaude “la manera en que logró preservarse el lugar de los hechos”, lo cual, si empleamos un lenguaje más claro y sencillo, parece significar que se dificultó el acceso a la prensa extranjera e independiente. Dudo que alguien haya sentido deseos de adentrarse en el bosque de marabú para contaminar la escena de la catástrofe.

El trabajo en cuestión aparece encabezado con una título elocuente: “Cuba tiene plena capacidad para investigar la tragedia aérea”, lo cual, más que un título, tiene visos de ser una declaración en la que de un modo más o menos diplomático se señala que no se permitirá la participación de países extranjeros.

Desde luego que esto no es lo usual en situaciones de esta índole. La práctica internacional es que en sucesos de este tipo se constituya una comisión compuesta por representantes de los diferentes países involucrados. Esto incluiría Francia (país fabricante del avión), así como los estados cuyos nacionales perdieron la vida en la tragedia: Argentina, Austria, Holanda, Italia, Japón, México y Venezuela.

Esto es lo que ha sucedido en otros casos en los que han estado involucradas aeronaves de nuestro país. Por ejemplo, un suceso tan publicitado en Cuba como el derribo del avión en Barbados, dio lugar a la constitución de una comisión integrada por representantes de Trinidad y Tobago, Cuba, Barbados, Guyana, Venezuela, Canadá y Estados Unidos.

Como resulta obvio, la creación de un órgano compuesto íntegramente por cubanos constituye una especie de invitación a que las responsabilidades por la tragedia recaigan en otros países. Supongo que el candidato óptimo para ello sería Francia, donde se fabricó el aparato.

Por último, vale la pena señalar que las autoridades de la aviación civil cubana no han anunciado la permanencia en tierra de las otras aeronaves de la misma marca que operan en la Isla. ¡Diferencia sustancial con la práctica de otros países y aerolíneas! El ejemplo más reciente lo tenemos en la australiana Quantas, que en días pasados paralizó todos sus Airbus A-380 al producirse un accidente en Singapur, en el que, felizmente, no hubo desgracias personales que lamentar.

La Habana, 8 de noviembre de 2010.

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