9/30/2010

Sordos y ciegos.


Comunicador Comunitario Reynaldo Echavarría Ávila


Pastor Martínez Cobas y su esposa María Julia Ávila Valdés, vecinos de la calle G # 14606 entre Caraballo y Bulevar, San Francisco de Paula, Ciudad Habana, me comunican que residen hace más de veinte años en una vivienda dictaminada como inhabitable por la Dirección Municipal de Viviendas.

“La Dirección Municipal de Viviendas nos prometió darnos una casa en mejores condiciones que la que vivimos. Luego, nos dijeron que si queríamos otra tendríamos que mudarnos para un albergue llamado Cambute. Pero sucede que María Julia padece de los nervios y convivir con tantas personas sería un caos para ella que necesita una casa privada e independiente”


“La casa que tenemos no tiene servicio sanitario y hacemos las necesidades fisiológicas como se puede, en una lata, casi siempre estamos enfermos debido a la elevada falta de higiene en que vivimos. Ni siquiera en Haití hay algo más pobre que esto”


“La fosa de la casa hace tiempo rebasó su capacidad, luego de desbordarse avisamos al servicio de limpieza de fosas y alcantarillado. En una ocasión se presentaron y objetaron que no encontraron el hueco de la fosa y que volverían cuando nosotros lo hubiéramos encontrado, pero ha pasado el tiempo y no han regresado. Pienso que fue un pretexto porque al ver que no teníamos dinero para pagarles, no volvieron nunca”


“Cuando los últimos ciclones que arrasaron en La Habana uno de los gajos de la cúspide de un pino se cayó mientras dormíamos y el palo principal del gajo caído traspasó el techo, esa noche nacimos otra vez. En otra ocasión se cayó un pino durante otra tempestad y destrozó totalmente la cocina y afectó el techo de la vecina de al lado. A ella le asignaron tejas para arreglar su techo ante todo esto y mandaron una brigada para recoger el pino caído y talar los dos pinos enormes de la parte delantera de la casa, pero dejaron los pinos por la mitad más de 6 metros porque no hicieron el trabajo cómo era debido, así que ahora han retoñado.”


“Hablamos con Juan José, el administrador de la Unidad Municipal Inversionista y cuando vio apuntalado el techo de la salita nos dijo que si se derrumbaba tendríamos que usar los cuartos y que si estos últimos también, entonces se nos daría un albergue, estamos desesperados y sin esperanza porque las organizaciones del gobierno están sordas y tienen la vista indiferente”


Ciudad Habana, 30 de setiembre de 2010.

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