7/27/2010

El próximo capítulo


Por Lázaro Tirador Blanco

Periodista Independiente y Escritor


El deterioro de la imagen de Raúl Castro al frente de la dinastía castrista ha provocado que tuviera que hacer la “jugada de los presos políticos” la que, usando de soporte a la iglesia católica y a la desprestigiada imagen del Cardenal Jaime Ortega y la del bufón español Miguel Ángel Moratinos, le ha permitido que se levanten nuevas expectativas sobre las posibilidades de un cambio de la situación cubana, lo que podría ablandar la posición común de la Unión Europea y aliviar las duras críticas que ha recibido el régimen cubano por la situación de los derechos humanos en el país.

Toda esta pantomima que sólo tiene como resultado positivo el alivio de las penalidades de los disidentes prisioneros -que aunque sigan siendo manipulados aún después de liberados y extraditados-, van a tener el amparo para sus vidas que no tenían en las mazmorras castristas.

Por lo demás, una vez más en estos más de 50 años de dictadura se manipula la expectativa del pueblo cubano con respecto a cambios profundos y definitivos, aún bajo el liderazgo totalitario. En buen cubano la gente esperaba “que ahora sí van a aflojar la mano”.

La más cercana expectativa se esfumó el pasado 26 de Julio cuando ni siquiera Raúl Castro asumió el rol habitual de orador principal, cediéndolo a una de sus principales vedettes políticas quien no dijo nada de nada, más que la consabida alabanza a los supremos Fidel y Raúl Castro. Se esperaba al Padrino en Jefe y al Discípulo Amado y ninguno de los dos acudió al escenario en la esperada función.

En tanto, el restaurado caudillo Fidel posa ante las cámaras y trata de articular -en una verborrea a veces incoherente y fuera de contexto-, sus nuevos discursos entre los que mezcla profecías de un holocausto mundial en el Medio Oriente con otros temas que en realidad pudieran ser parábolas del viejo zorro que aún goza de una buena parte de su popularidad legendaria. Detrás de este resurgir del líder cubano está su restauración como líder patriarcal del nuevo imperialismo bolivariano que organiza con su ahijado Hugo Chávez y el resto de la pandilla bolivariana y que se va delineando ante los mismos ojos de los miopes lideres del continente.

El romance renacido de Rusia y Cuba vuelve a ser plataforma ideal para una eventual variante de la Crisis de los Misiles y los oscuros pactos de Chávez con Irán y Corea del Norte están preparando un protagonismo sin igual a Latinoamérica en un eventual conflicto global que, incluso podría comenzar ante nuestras propias narices.

El olfato de Castro ante la posible cosecha de los frutos de su propia siembra política, lo han hecho resurgir como la vieja vedette planetaria que fue y que anhela seguir siendo al final de sus días.

Por ello le ha dado a su hermano Raúl la misión de enviar señales -pero sólo señales-, de cambio tanto a la Unión Europea como a los Estados Unidos y el resto del mundo con la esperanza de que muerdan una vez el anzuelo con similar carnada que en los últimos 50 años, de manera que los ambiciosos sueños que engendró en una agradable celda en el antiguo Presidio Modelo de la también antigua Isla de Pinos se cumplan, aunque sea al final de su vida.

Dejémonos de cuentos, de valoraciones políticas, de posiciones comunes o de antagonismos entre los mismos cubanos; muchos de nosotros fuimos seducidos durante años por la mayor mentira política después del fascismo alemán; por un líder y su programa que emulan con ventajas con Hitler y cuya realidad a costado miles de vida en Cuba y otras regiones del mundo -bajo el disfraz del internacionalismo- y bajo la égida de un malvado al que nunca le han importado sus compatriotas sino sus sueños de liderazgo mundial, que ha sumido a su propia nación en la pobreza, el abandono y a su pueblo en el más vil servilismo conocido desde la Edad Media y que hoy sueña con un final épico para su vida, cueste lo que cueste a su sufrida Patria o al Mundo que lo alabó un día y que aún coquetea con él.

Cuba ha vivido más 50 años de historia surrealista –no fue casual que con mucho olfato Jean Paul Sartre la visito en sus primeros años-; pero hoy es tiempo de que unidos en una verdadera concertación cubana sacudamos el yugo que trata de sostenerse a pesar de que la Historia sí lo condenó.

Veremos en la próxima sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular el capítulo que sigue. ¿Seguiremos los cubanos esperando que los Castro escriban el final?

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