6/28/2010

¿Cambio o Cortina de Humo?


Por Lázaro Tirador Blanco


Sin lugar a dudas los últimos acontecimientos en el panorama de las reacciones del régimen de Raúl Castro con respecto a problemas tan “calientes” para él como la situación de los presos políticos, las marchas de las Damas de Blanco y el resto de las manifestaciones de la disidencia cubana, que tanto preocupan al sistema totalitario, son en ningún sentido un “milagroso cambio” logrado por la intervención de la cúpula de la Iglesia Católica, hasta ahora tan consecuente y silenciosa con las atrocidades del régimen, desde las represiones de la Primavera Negra.

¿A qué se deben entonces las insipientes muestras de cambio que ha dado el régimen en estos temas tan delicados para su propia existencia y permanencia en el control del país? En mi opinión no es más que una bien elaborada cortina de humo para lograr un clima de mayor tranquilidad que Raúl Castro necesita para poder llevar a cabo todos los enredos en los que anda con su compinche Hugo Chávez, en su cacareado Socialismo (léase Imperialismo) del Siglo XXI, cuyo paso más trascendental –en medio de la enredada situación política global- es la entrada al panorama económico, político y militar del continente de países como Irán, Corea del Norte y ahora Siria.

Raúl Castro no cuenta con la histriónica personalidad de su hermano Fidel para elaborar sus planes ante los mismos ojos de todos y cambiar la imagen del agresor en agredido y a veces hacer creer que lo negro es blanco. Al nuevo líder supremo de Cuba se le ha complicado demasiado la situación interna con una disidencia –si bien no compacta- sí mucho mayor que la que esperaba y con un pueblo que poco a poco va perdiendo el miedo a expresarse –aunque todavía en voz baja-, de una manera más crítica, sobre la realidad que vive el país y la ineptitud del sistema.

La milagrosa intervención de la cúpula católica –realmente convocada por el mismo dictador-, en aras de lograr algunas flexibilizaciones en la dura postura oficial contra manifestaciones de protesta ciudadana como las de las Damas de Blanco o las viriles huelgas de hambre o ayunos que han costado la vida de unos y el peligro inminente de muerte a otros y el creciente respaldo popular a estos movimientos, ha sido el marco ideal para elaborar una posición en la que –sin hacer concesiones reales-, el régimen logre un estado de expectativa y abra un compás de espera tal, que le permita un clima más tranquilo para sus imprescindibles maniobras de sobrevivencia, que pasan desde el apoyo de una parte del exilio y la posibilidad de eliminación de restricciones en la política de la Casa Blanca hacia Cuba, hasta lograr que las tensiones internas se distiendan un poco y el régimen pueda atender sus reales prioridades.

Si revisáramos la historia de estos cincuenta y un años de castrismo, encontraríamos que en cada crisis del sistema, el liderazgo totalitario ha preparado estrategias que sólo han sido cortinas de humo para esconder, no sólo la realidad, sino para tener un respiro en sus verdaderos y siempre macabros planes. Este es uno de esos momentos en que la sabia maldad del vetusto caudillo ha primado con sus consejos de viejo camaján sobre la soberbia pollina de su heredero al trono.

¿Cuáles son pues las verdaderas prioridades del régimen hoy? El Plan Chávez de construir rápidamente el nuevo imperio; la reactivación de los planes militares y los programas de armamentos estratégicos con la resucitada Rusia –ahora entregándole los ricos yacimientos petroleros del norte de Cuba- y el estrechamiento de las relaciones estratégicas con aliados como Irán, Corea del Norte, Siria y otros, que pronto comenzarán a tener un nuevo protagonismo, nunca antes visto en el área.

La situación interna de Cuba no se puede ver aisladamente de toda la trama política que Fidel Castro y Hugo Chávez vienen elaborando por años y que está a punto de realizarse ante los ojos de un mundo cada vez más perturbado por las crisis regionales y mundiales y ante un gobierno norteamericano que ha descuidado su atención sobre estos aspirantes a emperadores globales, que hoy preparan las condiciones para la posesión de armas nucleares en sus arsenales y con ellas llevar a cabo sus propósitos imperiales..

Así de sencillo es el asunto y hay que ser ciegos –o no conocer al enemigo-, para no verlo y obrar en consecuencia.

Como he dicho en otra ocasión, Dios quiera que me equivoque y que me toque quedar como necio en este tema.

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