2/01/2010

Privatización

Por: Martha Beatriz Roque Cabello


Cuando se anunciaron los resultados económicos del año 2009, las cifras no pudieron ser más incongruentes, una economía que hizo crecer su PIB (Producto Interno Bruto) en un 1,4%, pero que sin embargo la productividad del trabajo mostró un saldo negativo de 1,1%. Es por eso que algunos especialistas del patio, se niegan a realizar análisis de la situación existente en el país, según los números que muestra el régimen, que son increíbles si se agrega que más del 70% de las empresas no registran sus operaciones. Aunque el gobierno se afane en decir, que la contabilidad no es confiable, dentro de la verborragia virtual, que usa para justificarlo todo, así ha definido la falta de controles.


Quizás los tecnócratas gubernamentales, como Samuelson ha muerto, piensan reescribir su libro de Economía.

La ministra de Trabajo y Seguridad Social, Margarita González, explicó que en la estructura de empleo del año 2005 correspondía el 48% de la fuerza laboral al sector presupuestado y el 52% al empresarial; en 2010 la proporción estaba invertida, además el 20% de los empleados en las empresas, corresponde a trabajadores administrativos.


Dentro de las complejidades que se desarrollan en la economía, hay que razonar sobre el fenómeno de la “privatización”, independientemente que la Constitución prohíbe el regreso al capitalismo, en la práctica es otra cosa lo que está ocurriendo.



Se pueden considerar tres tipos de ella:


- la privatización inescrupulosa que comienza el Estado

- la privatización de los medios del Estado por los trabajadores

- la privatización de los medios del Estado por el pueblo.



Pueden analizarse algunos ejemplos:


En el primer grupo se encuentran los taxistas. Recientemente el gobierno entregó una cantidad de autos de uso de “Rent a Car” en calidad de arrendamiento a un conjunto de choferes, diferenciándolos del resto con el techo pintado de blanco. Las condiciones en que se otorgaron estos autos, son parecidas a un embudo: “lo ancho para mí, lo estrecho para ti”. Diariamente, sin excepción, deben pagar una recaudación de 39 cuc (pesos cubanos convertibles) y 40 pesos en moneda nacional y 3 cuc a la ONAT (Oficina Nacional de Administración Tributaria), que no es más que el mismo Estado. Recibirán la posibilidad de compra de 20 litros de gasolina especial –diario- a un precio de 80 centavos de cuc (16 cuc) y de adquirir piezas tales como el motor, las gomas y el diferencial. En los primeros tiempos la rotura de los carros será poca, pero en la medida que los rueden comenzarán los problemas, y la reparación corre por cuenta del taxista. Además tendrán que usar el subempleo, contratando otro chofer, porque no pueden descansar algún día, el pago es sin receso. Un trato draconiano.


En el segundo caso los ejemplos más evidentes están concentrados en los servicios y la gastronomía, algunos gastos los asimila el Estado, pero no todas las ganancias. Si un hombre va a hacerse un corte de pelo, según la lista oficial de precios, le costará centavos en moneda nacional, pero en la práctica, todo el que utiliza este servicio sabe que debe pagar 10 pesos. ¿Por qué ocurre esto? Pues el barbero tiene que poner a disposición de su cliente las herramientas de trabajo, los paños, el talco, el champú, la crema de afeitar, en fin que la Empresa encargada de ello, lo que hace es recaudar el dinero, y poco se ocupa de los abastecimientos, lo que implica que el trabajador debe pagarlos de su peculio particular y por lo tanto privatiza un servicio estatal.


Es vox pópuli, el hecho de la cafetería de Monte y 10 de Octubre, la que permanecía en estado deplorable y su administrador la arregló, pero al parecer se le fue la mano, porque pensó ciertamente que toda era de su propiedad, sin darle una participación al Estado y lo despidieron, quedando allí la inversión que día a día se deteriora. Y es que se le exige a los que dirigen los servicios de gastronomía, también bodegas, reparadoras de todo tipo, etc., que decoren el lugar, pongan manteles en las mesas, lo tengan limpio, pero los suministros son mínimos. La situación económica, acompañada de la insuficiente organización y control de las empresas, les permite privatizar una parte del trabajo, y el gobierno se hace el que no ve.


Esta categoría la conforman también los inspectores estatales, destinados a aquellos lugares en que existen cuentapropistas. Estos inspectores trabajan para el Estado, pero privatizan el servicio, exigiendo a los comerciantes con pequeños negocios personales, el pago de un “impuesto” para no cerrarles la actividad. Se van para la casa con los bolsillos llenos de dinero, sin el menor de los escrúpulos.


En el último grupo está el pueblo, que no quiere contribuir con el Estado y privatiza algunos servicios, el más revelador “el pago de los ómnibus urbanos”. Hay una cantidad bastante significativa de pasajeros que no introduce el dinero en la alcancía de la “guagua”, pero sin dejar de pagar, se lo entregan al chofer, prefieren que él perciba el ingreso, privatizando el servicio. Existe mal ánimo ciudadano contra el Estado y esta es una forma de manifestarlo: “no dándole el dinero al Comandante”.


En conclusión, por un lado el gobierno busca la forma de resolver la ineficiencia económica que genera el sistema, por otro las personas necesitan ingresos extras que le permitan elevar el poder adquisitivo; y por su parte la sociedad le pasa la cuenta al sistema, por el cansancio que genera.



Ciudad de La Habana, 1ro de febrero de 2010.

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