2/01/2010

El Calvario de Daniela II


Desde el Hospital de la prisión Combinado del Este en Ciudad Habana, Normando Hernández González, Grupo de los 75.

El Calvario de Daniela II

Daniela duerme en terminales de ómnibus.

La soledad, la tristeza, la nostalgia, crecen junto a Daniela, la alegría se esfuma en su rostro, la mirada se le pierde en el infinito. Las pesadillas son casi a diario y se despierta asustada, llorando, llamando al padre: ¡Papá, papá, papá!

Al gobierno de Cuba no le importa que una niña sufra, no le basta que el alma de Danielita se desgarre, no le interesa que las lágrimas sean sus eternas acompañantes; da órdenes para que la niña solo vea al padre dos horas cada tres meses. Sólo dos tristes horitas cada 90 días. Es decir 8 horas en todo un año, y como si fuera poco, desde el 2003 hasta el 2006, obliga a la niñita para que pueda ver al papá que duerma en las terminales de ómnibus, donde las cucarachas caminan por encima de ella y el frío le pone morado los labios o el calor fermenta los alimentos que su progenitora lleva consigo, para que la niña no pase hambre. Donde la incomodidad y el cansancio la agotan mental y físicamente hasta hacerla desfallecer.

Muchos se preguntarán ¿por qué tienen que dormir en terminales de ómnibus? La respuesta es simple: porque el gobierno de los hermanos Castro, con toda mala intención puso al padre de la niña en una cárcel a más de 700 kilómetros de su residencia.

Esto no basta al régimen de la Isla y tiene que hacer sufrir más y más a la niñita. La hacen esperar 4 ó 5 horas fuera de la prisión para que pueda ver al padre. Espera que desespera, destroza los nervios y perturba al ser más equilibrado que exista. Mas aún cuando se vive en la incertidumbre, esperando malas noticias como por ejemplo: “la visita está suspendida”, “Normando está en celda de castigo, porque no quiere vestir ropa de preso”.

Asegura la madre de Daniela que cuando la niña escuchaba que no podía ver al padre, sacaba una foto del mismo que siempre llevaba consigo y la besaba y enseñaba al oficial de la Seguridad del Estado, Jesús Ramón Morel Beuni y le decía: Este es papá, papá”, como pidiéndole, suplicándole que se lo dejaran ver. Pero las órdenes se cumplen no importa que la que esté consumiéndose por el sufrimiento sea una niñita de 2 añitos. No importa que el alma de una niña se desgarre lentamente. Las órdenes se cumplen.

Daniela tiene que regresar a la casa, sin poder besar y abrazar al padre, sin recibir sus caricias, sin sentir su calor, sin escuchar su voz. Tiene que regresar a la casa con su corazoncito corroído por la tristeza, con su cabecita más atormentada, tiene que regresar a la casa con sus sueños truncados, con sus fantasías hechas añicos, con la aflicción en grado superlativo. ¿Por qué Dios mío? ¿Por qué uno de tus angelitos tiene que pasar tanta agonía por tanto tiempo? De continuar así ¿Qué será de Daniela?

Ciudad de La Habana, 1ro. de febrero de 2010.

Normando Hernández González, prisionero de conciencia del Grupo de los 75, en la prisión de Camagüey y transitoriamente en el Hospital del Combinado del Este en Ciudad de La Habana.

Este artículo fue leído vía telefónica por su esposa Yaraí Reyes Marín.

De la mesa de trabajo de Martha Beatriz Roque Cabello

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